
“Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana –la única– está por extinguirse y que la biblioteca perdurará […]”
La biblioteca de Babel, Jorge Luis Borges
Lo primero que se me vino a la mente fue La biblioteca de Babel de Borges, porque siempre me pareció fascinante pensar que mecánicamente se podría crear toda la literatura, todas las teorías académicas, y millones de tomos absurdos y sin sentido, por simple combinación de caracteres:
aaaaaa
aaaaab
aaaaac
…
De esta manerase podrían obtener infinitas combinaciones posibles, incluyendo signos de puntuación y un espacio como si se tratara de un carácter más. Si se hubiese intentado hacer este ejercicio manualmente, tras la invención de la escritura alfabética, en el marco de la logósfera, habrían tenido que escribirse millones de millones de millones de tablas de arcilla, rollos, pergaminos, códices y libros sin resultados medianamente acertados. La labor podría haberse continuado en la grafósfera, con la facilidad técnica de poder intercambiar los tipos móviles para hacer nuevas combinaciones, también sin resultados. Sin embargo en algún momento de la historia algo tendría que resultar, pero para ese punto todo el espacio habitable del planeta estaría lleno de páginas; sin espacio físico para nada más. Pero volvamos a la hiperósfera. Incluso, atrevámonos a dar un paso más hacia el futuro. Imaginemos que existe un software especializado que combina los caracteres automáticamente; almacena los resultados positivos dentro de un disco duro y descarta las combinaciones que no tienen significado. Y aunque ocupara un millón de Yottabytes (1’208.925’819.614’629.174’706.176 bytes) su espacio físico estaría considerablemente reducido, pues en realidad la combinación no sería de caracteres, sino de unos y ceros, que combinados también codificarían los caracteres alfabéticos.
Esto era solamente un ejemplo para ilustrar como es el cuerpo digital. En la corriente literaria que en los ochenta fue bautizada como cyberpunk, comenzó a hablarse del “ciberespacio”, gracias a William Gibson, quien acuñó el término por primera vez en un cuento que hace arte de su obra Burning Chrome. Este ciberespacio se asemejaba mucho a la forma de realidad virtual en la popular película de ciencia ficción “The Matrix”, donde sujetos ordinarios conectan sus mentes para ingresar a un universo simulado que no ocupa un espacio físico. Esta noción no está lejos de dejar de ser ficción del todo, pues a partir del fenómeno de la web 2.0, con herramientas de comunicación digital, la creación de comunidades en línea. El espacio virtual comienza a tomar serias atribuciones del espacio real. En boga están las tiendas y la compras por Internet, y los bancos, instituciones públicas y privadas de comercio y sin ánimo de lucro, iglesias, grupos sociales y políticos operan, interactúan y realizan transacciones por medio de la Red. Rápidamente todas las instituciones de la humanidad comienzan a convertirse en espacio de disco en servidores repartidos por todo el planeta. Y así como sería fascinante la edición digital de la Biblioteca de Babel, por qué no una versión en CD-ROM de todo el espíritu humano.
La biblioteca de Babel, Jorge Luis Borges
Lo primero que se me vino a la mente fue La biblioteca de Babel de Borges, porque siempre me pareció fascinante pensar que mecánicamente se podría crear toda la literatura, todas las teorías académicas, y millones de tomos absurdos y sin sentido, por simple combinación de caracteres:
aaaaaa
aaaaab
aaaaac
…
De esta manerase podrían obtener infinitas combinaciones posibles, incluyendo signos de puntuación y un espacio como si se tratara de un carácter más. Si se hubiese intentado hacer este ejercicio manualmente, tras la invención de la escritura alfabética, en el marco de la logósfera, habrían tenido que escribirse millones de millones de millones de tablas de arcilla, rollos, pergaminos, códices y libros sin resultados medianamente acertados. La labor podría haberse continuado en la grafósfera, con la facilidad técnica de poder intercambiar los tipos móviles para hacer nuevas combinaciones, también sin resultados. Sin embargo en algún momento de la historia algo tendría que resultar, pero para ese punto todo el espacio habitable del planeta estaría lleno de páginas; sin espacio físico para nada más. Pero volvamos a la hiperósfera. Incluso, atrevámonos a dar un paso más hacia el futuro. Imaginemos que existe un software especializado que combina los caracteres automáticamente; almacena los resultados positivos dentro de un disco duro y descarta las combinaciones que no tienen significado. Y aunque ocupara un millón de Yottabytes (1’208.925’819.614’629.174’706.176 bytes) su espacio físico estaría considerablemente reducido, pues en realidad la combinación no sería de caracteres, sino de unos y ceros, que combinados también codificarían los caracteres alfabéticos.
Esto era solamente un ejemplo para ilustrar como es el cuerpo digital. En la corriente literaria que en los ochenta fue bautizada como cyberpunk, comenzó a hablarse del “ciberespacio”, gracias a William Gibson, quien acuñó el término por primera vez en un cuento que hace arte de su obra Burning Chrome. Este ciberespacio se asemejaba mucho a la forma de realidad virtual en la popular película de ciencia ficción “The Matrix”, donde sujetos ordinarios conectan sus mentes para ingresar a un universo simulado que no ocupa un espacio físico. Esta noción no está lejos de dejar de ser ficción del todo, pues a partir del fenómeno de la web 2.0, con herramientas de comunicación digital, la creación de comunidades en línea. El espacio virtual comienza a tomar serias atribuciones del espacio real. En boga están las tiendas y la compras por Internet, y los bancos, instituciones públicas y privadas de comercio y sin ánimo de lucro, iglesias, grupos sociales y políticos operan, interactúan y realizan transacciones por medio de la Red. Rápidamente todas las instituciones de la humanidad comienzan a convertirse en espacio de disco en servidores repartidos por todo el planeta. Y así como sería fascinante la edición digital de la Biblioteca de Babel, por qué no una versión en CD-ROM de todo el espíritu humano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario