viernes, 23 de noviembre de 2007

Ser cuerpo invisible


En el universo de la hipertextualidad la invisibilidad no se relaciona con un estado de la espiritualidad o de la moral. Se sabe que los mediólogos deben apartarse de la moralidad para ser objetivos en el análisis; sin embargo, este nuevo objeto de estudio podría llegar a ser tan amoral como el medio mismo. La red parece validarlo todo, y a todos; no tiene una estructura definida y muta a cada segundo. Debray se refiere a las “cosas invisibles” como “realidades ideales, mitos o conceptos, generalidades o universalidades, inmaterialidades o símbolos que nunca tendrían traducciones visuales posibles aunque fueran sólo virtuales en un ciberespacio”. Sin embargo, esos mitos y conceptos se encuentran entrelazados y enmarañados dentro de la red de redes en cientos de miles de millones de discursos, en algunos casos apartados de las traducciones visuales; pero siempre codificados y cifrados, disponibles globalmente pero descifrables por reducidas comunidades disgregadas. Por lo tanto, el cuerpo invisible dentro de la hiperósfera consiste en cifrar la materia orgánica dentro de un código binario; recomponer la estructura narrativa y discursiva, hacerse hipertexto, uno con los otros y fragmento de un mecanismo social en línea. El rostro deja de consistir en un conjunto de facciones faciales y se convierte en una serie de nuevos códigos, es decir, en el modo de construir un “Yo” ciberespacial. El emoticon expresa sentimientos, actitudes y reacciones, pero sobre todo, invisibiliza la persona.

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